Hadrián Márquez
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Tras el incendio de 2023 en el Parque Nacional del Teide, el paisaje quedó dividido entre lo que ardió, lo que se salvó, y lo que simplemente no tenía nada que quemarse. Superficies minerales, campos de ceniza, restos calcinados y zonas intactas que ya eran, de por sí, desoladas.

Este trabajo se mueve por ese terreno ambiguo. No documenta el fuego ni sus consecuencias directas, sino el tipo de silencio que queda después. Un paisaje que no se ordena fácilmente: a veces turístico, a veces estéril, con trazos de ciencia, de artificio, de otro planeta. Nada concluyente, pero todo presente.